Un "te echo de menos", un "vuelve", un "voy a estar aquí... esperándote". Hay tantas frases que nos cambian la vida...
Esto sólo es una pequeña parte de una historia. La historia de mi vida.

jueves, 7 de junio de 2012

Aquellas cosas que no dijimos

Dicen que todas las historias que merecen la pena deben ser contadas. Por eso, un día decidí que había una historia que debía contar. Una con la que hacer ver a al menos una persona, que las apariencias engañan y que todo lo que ves no tiene porqué ser como tú crees. 


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AQUELLAS
COSAS
QUE
NO
DIJIMOS  
               

Capítulo 8: Ocho horas de calor

[...]
-Aquella tarde lo dijiste todo. Todo lo que quería oír. Tal vez lo hayas olvidado, pero aquellas cosas que no viviste llegan para recordarte que esto no se acaba aquí. Que el verano llega tarde o temprano, que el sol volverá a quemarte la piel, a empaparte de bronceador y a pringarte de arena de la playa. Que los días de clase abanicándote con una libreta quedarán atrás, que el estrés y la tensión por entregar trabajos y que no te pillen una chuleta en un examen desaparecerán.
Habrán tantas locuras que querrás hacer que te parecerá que el tiempo te atrapa, que ese cielo azul o esas tardes arrugándote dentro de la piscina algún dia se irán. Pero no es así, el verano es el mejor momento de tu vida, en el que conoces a gente increible, lugares inolvidables y experiencias irrepetibles; amigos de la otra punta del país y amores con fecha de caducidad. Por eso escúchame, mira hacia atrás y recuerda como cada verano ha sido distinto e imagina lo que
podrás llegar a vivir. Asi que convéncete, todo el esfuerzo invertido, todos esos madrugones, merecerán la pena; no estarás deseando que sea viernes, porque todos los días serán como un gran fin de semana.[...] No lo dudes, nadie se rinde en verano, por eso debes olvidar y vivir, porque nadie te va a esperar eternamente... ni siquiera el tiempo.-

Me quedé sin palabras cuando me dijo todo esto. De repente un sentimiento mezclando rabia y alegría invadió mi cuerpo. Rabia porque quería responderle con algo, con alguna frase de desánimo, con un "bueno...para ti es muy fácil decirlo" pero no me salía. Y alegría porque no sé como lo hacía pero ella era mi punto débil, sabía las palabras exactas con las que convencerte, con las que cualquier respuesta no serviría de nada para darle menor importancia a lo que ella había dicho... ¡Era la puta ama!
Parecía que nunca estaba ahí para mí, pero siempre que yo me estaba hundiendo, en los peores momentos, sin llamarla, aparecía por arte de magia, con su optimismo y con sus frases que eran como una cuerda a la que agarrarse desde ahí abajo. Era imposible no subir, no levantarte y comerte el mundo como hacías antes. Antes de que pensase que si yo me fuera nadie me echaría de menos.
[...]

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